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Hollywood honra al actor Yul Brynner, en el centenario de su nacimiento​

  • Fue el hombre que se anticipó a la moda de las cabezas afeitadas
Aféitate la cabeza! Pocos consejos han sido tan determinantes para transformar una carrera como el que la diseñadora​ Irene Sharaff le dio’ a Yul​ Brynner durante los ensayos para la representación en Broadway de​ El rey y yo.​
  • Brynner, que tenía un tupido pelo castaño voluminoso, cedió a regañadientes, porque el personaje que iba a representar, el rey de Siam, no tenía pelo. El cambio de look le favoreció, al extremo de convertirse en un símbolo sexual de su época.
El Brynner que aceptó aquel cambio de imagen​ no era nadie en Broadway​ todavía, y mucho menos en un Hollywood que acabaría conquistando. Por entonces era un brioso realizador de la recién nacida CBS, función considerada de bajo rango.
  • Poco podía imaginar que aquel sencillo gesto cambiaría su vida, y le proporcionaría personajes inolvidables; inspiraría el físico del carismático líder de un grupo de mutantes, porque​ cuando Stan Lee tuvo que definir los rasgos del Profesor Xavier lo hizo pensando en él.

Pese a que toda su vida ocultó los datos de su biografía para evitar que los periodistas se inmiscuyeran,​ sus orígenes no dejan de ser novelescos..

 

  • ​ Yul Borísovich Brynner, había nacido en Vladivostok cerca de Siberia en plena revolución rusa en​ una de esas familias acomodadas a las que los bolcheviques estaban despojando de todo.​ Cuando a los siete años su padre abandonó a su madre por una bailarina rusa, la familia se trasladó a China, pero de nuevo se vieron obligados a huir a París por temor a la guerra chino-japonesa. Paris en los años veinte se había convertido en el refugio de la mayoría de los rusos que habían huido de Rusia.​

 

En la capital francesa ingresó en el elegante y estricto Lycée Moncelle, pero no tardó en renunciar a la comodidad familiar: prefería pasar las noches escuchando a los músicos zíngaros que amenizaban las tabernas parisinas. Con ellos aprendió a tocar la balalaika y​ se unió al presticioso Cirque d’Hiver como trapecista.​

  • Tras sufrir una brutal caída los médicos le auguraron que no caminaría jamás; no conocían su fuerza de voluntad, a los dos meses ya estaba de nuevo en la arena, aunque a ras de suelo y como payaso. Ahí fue donde empezó a interesarse por la interpretación, y ningún sitio mejor, para brillar sobre las tablas que Nueva York.​

Su físico torneado de acróbata, su voz profunda y el aire misterioso que siempre cultivó le hicieron muy popular y era fácil encontrarlo en fiestas con su guitarra. En una de ellas conoció a su primera mujer, la actriz​ Virginia Gilmore​ que empezaba a ser muy conocida gracias a películas con Gary Cooper.

  • Ser casado no impidió que en su primera representación de cierto éxito en Broadway mantuviera un romance con​ Judy​Garlan, madre de Liza Minnelli.

Pero mientras su carrera actoral renqueaba, brillaba como realizador de televisión. Aquel remedo de zíngaro que toca la balalaika en fiestas había pasado a presentar junto a su esposa uno de los primeros talk shows de la televisión americana y había terminado tras las cámaras convertido en el realizador estrella de la recién fundada CBS.​

Y entonces llegó a su vida​ El rey y yo, la historia real de​ Anna Leonowens, una maestra que viaja a Siam para educar a los hijos del rey Mongkut y que los compositores​ Rodgers y Hammerstein​ pretendían transformar en musical.​

  • También se encandiló de él el director​ Cecil B. De Mille, que por entonces trataba de llevar a cabo Los diez mandamientos. Sería la producción más cara y suntuosa de Hollywood y aunque el papel protagonista ya estaba adjudicado a​ Charlton Heston​ había que encontrar un Ramsés a la altura y eso era una tarea compleja. Necesitaba a un hombre que calvo, maquillado, cubierto de oro, caminando sobre sandalias de plataforma y con los ojos ahumados no resultase ridículo al lado de la apabullante hombría pecho palomo de Heston. Cuando el legendario director vio a Brynner sobre el escenario, supo que había encontrado a su Ramsés: su virilidad era tan apabullante ​ y transmitía un magnetismo y una autoridad que provocó que muchos espectadores hubiesen preferido que las aguas se hubiesen cerrado sobre los judíos por verle feliz.

Pero ese 1956 aun le iba a deparar un éxito más,​ Anastasia, la trágica historia de​ la presunta heredera de los Romanov. Pero esta vez él llegaba con el estatus de estrella que puede elegir a su​ partenaire​ y eligió a una​ Ingrid Bergman​ que en aquel momento estaba en la lista negra de Hollywood por su​ relación adúltera​ con​ Roberto Rosellini. A pesar de la oposición inicial del estudio, Brynner se impuso y Bergman fue contratada y por su interpretación ganó el Oscar, que él también ganaría ese año en la categoría masculina por​ El rey y yo. Era el hombre del momento: tenía tres éxitos en cartelera y un Oscar en las manos.

  • Su potente imagen estaba asociada a reyes y príncipes orientales, a hombres extranjeros fuera de lo común y acabó encasillado. Al año siguiente bordó su papel de Dimitri en​ Los hermanos Karamazov​ que volvía a incidir en su registro, pero a partir de ahí empezó a ser reclamado en producciones estereotipadas y ampulosas, pero decadentes.​

Cuando​ Tyrone Power falleció​ repentinamente en Madrid, ocupó su lugar en​ Salomón y la Reina de Saba, una de esas macroproducciones que se empezaron a grabar en España a partir de los años cincuenta. Para aprovechar los planos generales que ya se habían grabado con Power​ se vio obligado a lucir una peluca​ que le arrebataba su principal seña de identidad, pero la película fue un éxito igual.

  • Todo iba espléndido para él, hasta que la adversidad lo tocó. En 1983 le​ diagnosticaron un cáncer de pulmón debido a su adiccio’n al tabaco y le dieron tres meses de vida, sin embargo vivió dos años más.​

En cuanto fue consciente de su enfermedad se dedicó a visibilizarla. En una de sus últimas entrevistas declaró que quería hacer un anuncio publicitario que alertara al mundo ​ de los peligros del tabaco, el mensaje sería claro: “Ahora que me fui, te digo: no fumes, hagas lo que hagas, simplemente no fumes” dijo mirando a la cámara. Tras su fallecimiento la Asociación Americana Contra el Cáncer consiguió el permiso de su mujer y ese sencillo mensaje se convirtió en​ una de las armas más potentes contra el tabaco.​

  1. En un momento en el que la sociedad comenzaba a vislubrar su peligro, la imagen de un Brynner que había fallecido apenas unos meses antes se incrustó en la memoria de millones de espectadores, tal como previamente lo habían hecho sus papeles más sonados.

El 30 de junio de 1985 Broadway le homenajeó tras su actuación número 4.625, nunca nadie había interpretado tantas veces un papel. Murió menos de cuatro meses después, el 10 de octubre de 1985, rodeado por sus cuatro hijos.

  • Hoy día es un ícono del cine mundial, y sus películas todas clásicos, siguen siendo de las más queridas. En este mes de julio 2020 cumpliría 100 años. Hollywood rinde tributo a su memoria.
(Con datos y fragmentos de Vanity Fair)